Estoy totalmente de acuerdo contigo en que una cosa es saber y otra distinta saber dar clase pero, si sigue el sistema de beneficiar a los interinos, mucha gente no podrá dar clase nunca o ni siquiera probar a ver si son buenos o no porque no pueden competir con unos interinos que le ponían la plaza en bandeja en los últimos años. Respeto muchísimo tu opinión y siento si te molesta mi modo de ver las cosas pero es una suerte que el Decreto 302 haya salido adelante o vaya a salir, a lo mejor el día de mañana me tendré que arrepentir pero lo que no puedo compartir contigo es que gente que yo conozco que se presentó por primera vez en 2007 y que sacó poco más de un 5, que se presentó en 2009 y volvió a sacar poco más de un 5 y que ahora en 2011 han suspendido, que estén a punto de que les vuelvan a llamar a dar clase mientras que gente que ha sacado mucha más nota, jamás las llamarán porque se beneficia a la gente como la anterior por el mero hecho de ser interino.
No estoy molesto, hombre; y en lo que sí estoy de acuerdo es que estas últimas convocatorias sí que beneficiaban a los interinos, pero no a todos, sino a los que tenían mucho tiempo de servicio. Los problemas de este decreto, según como lo veo, son los siguientes:
1. Hace una división totalmente injusta, basada sólo en un criterio temporal: una misma acción produce una reacción diferente dependiendo del año en cuestión.
2. Crea una gran inestabilidad laboral: imagina el caso de un profesor que en 2002, por ej., sacó una media en las oposiciones de 7,8 pero se quedó sin plaza; esa persona ya ha demostrado sobradamente que posee los conocimientos necesarios para el puesto pero los hay que lo han superado en el concurso-oposición. Como mal menor, esa persona sabe que, aunque no ha obtenido plaza, trabajará ese mismo año o el siguiente. Empezará con sustituciones, a veces por varios meses, a veces por sólo unos días; a veces en el pueblo de al lado, a veces a 300 km de su casa, con todo lo que eso conlleva. Pasa el tiempo y tras muchos km vagando, le dan vacante, que no es otra cosa que un año de estabilidad (lo que en cualquier trabajo es algo medianamente normal, para los docentes eso es todo un logro...). El caso es que en las siguientes oposiciones esa persona, evidentemente, tiene más opciones que el que acaba de salir de la facultad, pues bien se lo ha ganado; pero puede ocurrir que vuelva a quedarse fuera, por lo que sea: no llevara los temas que cayeron, tuviera un mal día, estuviera enfermo, haya perdido el hábito de estudio o incluso esté, con toda la razón del mundo, hastiado de examinarse de unos contenidos que ya ha superado con creces. El caso es que esa persona al menos tenía la seguridad de que trabajaría al año siguiente y que seguiría acumulando méritos para la siguiente oposición. Con el decreto eso sería imposible: puede ser que después de aprobar varias veces con buena nota, por culpa de un año malo, esa persona, que evidentemente ya tiene unos añitos, suspenda y se quede en la calle, con una mano delante y otra detrás.
3. La tan manidad calidad de la educación bajaría considerablemente: siendo sinceros, si tuvieras que operarte del corazón, ¿quién preferirías que lo hiciera: un cirujano con 300 operaciones a sus espaldas o alguien que acaba de sacarse la carrera, que seguramente tenga toda la preparación del mundo pero al que le hace falta algo que en todos los trabajos todo el mundo valora más que nada, salvo en la docencia, y que no es otra cosa que la experiencia? Amén de esto, no es lo mismo que el profesor de un curso sea alguien que tiene el pensamiento de seguir en la docencia toda su vida, que alguien que a las primeras de cambio, viendo la inestabilidad de este trabajo decidiera dejarlo por otro puesto más estable, quizá incluso a mitad de curso, cosa además totalmente comprensible.
4. Es bastante improbable que, con el sistema antiguo, una persona con buena nota, incluso estando por detrás de gente con tiempo de servicio, no trabaje absolutamente nada durante los dos cursos que suele haber entre una oposición y otra: si esto fuera así, por propio sentido común, nunca habría interinos nuevos, algo que es empíricamente falso. Esa persona, inmediatamente después de trabajar se pondría por delante de aquellos que sacaron menos nota que él.
5. Que no nos engañen:este decreto no obedece a razones de justicia social ni nada de eso. Es puro interés económico.
En fin, lo quiero decirte es que el sistema antiguo quizá no fuera el más justo de los sistemas pero, con todos sus defectos (que los tenía, muchos y gordos), considero que es bastante mejor que este decreto, que ya por el hecho de ser un decreto tendría que dar mucho sobre lo que pensar del mismo; y respecto a que todo el mundo tiene derecho al trabajo, es evidente que sí, pero el mismo derecho tiene el trabajador que cumple con él a conservarlo. Con el sistema antiguo, estas dos premisas se cumplían, con el nuevo, sólo la primera.
Un saludo.
PD: los ejemplos son totalmente ficticios, que no inverosímiles.